En el mundo del deporte existe un fanatismo excesivo que en muchos casos se involucra íntimamente con la religión, o por lo menos así lo describen muchos de los seguidores. Un ejemplo extraño, pero ya natural, es el de un grupo de seguidores del club de fútbol inglés “Liverpool” que antes de morir piden ser cremados y sus cenizas arrojadas al estadio Anfield, actual campo de juego del equipo.
El entretenimiento (deporte) les agrada, los hace poder interactuar con otras personas, los motiva a realizar su actividad, y a brindarles fuertes y diversas emociones nuevas en sus vidas. Los hinchas apasionados se manejan de esta manera porque encuentran una salida a su estresante rutina semanal.
En muchas ocasiones los adictos a estos movimientos sociales tienen una faceta positiva y otra negativa. Con respecto a la primera, los simpatizantes entregan todo para con el club y, en varios casos, logran un progreso institucional. Por otro lado, se encuentran los barras bravas, personas que lo único que buscan es su beneficio individual lucrando con su equipo. La mayoría de las veces utilizan la violencia como medio para mantenerse en el poder.
Tanta importancia se le brinda a este deporte que algunos hasta se animaron a crear la iglesia Maradoniana, en honor a Diego Armando Maradona, que se encarga de venerar a su ídolo al punto de transformarlo en un ser supremo.
Juan Agustín Piera
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